Ésta escultura está ubicada en la torre izquierda de la catedral de Xalapa, hasta arriba. Desde sus etapas iniciales a principios del siglo XVII de construcción, ha sido testigo de innumerables acontecimientos en la ciudad capital veracruzana; vió presidentes míticos como Francisco I. Madero y también santos en vida como Rafael Guízar y Valencia.
Ésta gárgola a diferencia de las otras, puede hablar con la gente y defender a los feligreses de la fe católica. Justo cuenta la leyenda que cuando el actual santo Rafael Guízar era perseguido en la guerra cristera fue cuando la gárgola cobró vida.
En aquel entonces, el joven Rafael Guízar egresado del seminario iba caminando por las calles de Xalapa, cuando de pronto escuchó una voz que gritaba ¡Ahí está! ¡Contra él es católico, es católico! El joven egresado del seminario alzó la mirada, ya que se iba entreteniendo contando las piedras que iba pasando en suelo del camino, y lo que se encontró al ver al frente fue una turba clamando por su cabeza, entonces, con el instinto de supervivencia por delante salió corriendo a lado contrario de la multitud, corrió hasta el parque de los Berros donde se escondió entre los árboles trepándolos y ocultándose tras los arbustos, así pasó la tarde, hasta oscurecer.
La multitud hizo guardia para seguir buscando a Rafael, cuando el joven ex seminarista intentó huir pisó una rama que hizo un gran crujido. ¡Ahí está! ¡Es el padre, ese es el padre, el que oficia misa y enseña catecismo a escondidas! Patria Laica y libre ¡Vamos por su cabeza!
Nuestro joven santo comenzó a correr, tras él, una multitud iracunda, la oscuridad ayudaba a que la multitud no viera al santo por donde corría, Rafael rezaba, su fe estaba puesta a prueba, ya que parecía que moriría a manos de gente furiosa, llegó a los pies de la catedral, la puerta se abrió, Rafael se sintió aliviado, la casa del señor le daría cobijo, pero lo que vió que salía de la iglesia era otra multitud furiosa con el demonio entre los ojos y en la boca el clamor de sangre, pronto, el joven Rafael Guízar pidió un milagro urgente, se hincó suplicando piedad a la multitud, entonces, una lluvia tupida cayó sobre la dramática escena, la multitud avanzaba hacia el joven y acorralado Guízar pero él nunca perdió la fé, desde el fondo de su corazón pedía un milagro, sólo cerró los ojos y puso en su dios la potestad de su destino, con los ojos cerrados escuchó que la gente gritaba aterrorizada y aún con los ojos cerrados y la lluvia callendo, escuchó pasos huir rápido, muy rápido.
Cuando Rafael abrió los ojos no había nadie a su alrededor, temblando de miedo, pero a la vez confiado de que su fe lo salvó, volteó hacia atrás suyo y lo que vió le asustó, una gárgola jadeante le sonreía, y le dijo – Rafael, estás a salvo, me han dicho que te cuide, desde arriba de esa torre siempre voy a cuidarte.
Y desde entonces esa gárgola es la única que tiene vida en la catedral xalapeña y se hace pasar por títere para convivir entre las personas, cambiando el lugar del frío nocturno de la torre por la calidez del aplauso del público.